Ahi estamos,
pese a las olas de cinco metros, el estruendo de los truenos, los relámpagos, tragar y tragar...agua..., sentir frio y miedo hasta los tuétanos, y decir y pensar, ya, este es el fin....
Pese a todo esto, seguimos vivos.
Y la tempestad, sigue, pero hemos aprendido a flotar en ella.
Ya no nos engulle el agua, los truenos siguen asustándonos, pero ya forman parte del paisaje, y sabemos por sus ruidos, que poco a poco, se va alejando.
Después de la tempestad, queda la soledad, la tranquilidad del que ha estado luchando y/o flotando hasta la extenuación, la necesidad de esta paz que te ayuda a recargarte,a que los músculos se relajen un poco, y a que vuelvas a sentir tu cuerpo, la materia, y te abandones a ella....., dejando a un lado las emociones, y por lo vivido, todas de miedo...
Ahora, en ese estado de flotación, disfrutemos.
Nos abandonamos a ella, y que las corrientes de este mar, nos lleven por fin, a tierra firme.
Alli nos vemos.
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